Visita a Port-au-Prince, Haïti / Pòtoprens, Ayiti

Cuando decidí ir a Haití, fue así de la noche a la mañana, me informe por Internet en donde vendían los pasajes en bus o avión, obviamente, en bus era mucho más barato. Mi ruta era Santo Domingo(RD)-Puerto Príncipe (HT). Las empresas que venden estos boletos son Capital Coach Line y Caribe Tours, yo elegí la segunda opción porque ya la conocía y resulto ser la mejor al momento de almorzar, ya que te dan comida aceptable y escuche comentarios que en la otra no era tan buenos.

El día que me toco viajar, llegue a la terminal a las 7 hs, pero el bus recién salía a las 9 hs, pero como todo viaje internacional, tenía que hacer algunos trámites migratorios antes de abordar. Al llegar la hora estimada de partida, aborde el bus y me tocó sentarme al lado de un chico haitiano que no hablaba nada español, y por ende no pude comunicarme con él, no más que bonjour y tout bon . 

Al medio día, cuando vamos en la carretera al sur de dominicana, nos dan el almuerzo con una gaseosa, la comida era netamente dominicana, arroz, porotos, pollo y ensalada. Al cabo de las 14 hs hemos llegado a la frontera de República Dominicana-Haití. Como típica frontera latinoamericana, es un tanto peligroso y es un gran mercado internacional, donde venden alimentos a más bajo costo y hay gente por doquier. Pasé por la oficina de migraciones de República Dominicana, sellaron mi pasaporte y pude abordar nuevamente el bus para avanzar hasta el punto migratorio de Haití, ahí volví a descender del bus y nuevamente sellan mi pasaporte en el lado haitiano, pero esta vez no entendí nada de lo que me hablaban, solo Kreyol o Francés, recuerdo que la terramoza o azafata del bus, tuvo que ayudarme a responder las preguntas que me hizo el agente de migraciones. Una vez pasado realizado el trámite, me dirigí a abordar el bus, para viajar por unas 3 ó 4 horas con destino a Puerto Príncipe.

Cuando estaba por aproximarme a punto de destino, le pedí a la azafata del bus que me facilitara su celular para comunicarme con mi amiga dominicana, Jessica; mi amiga me informa que un chico haitiano en una motocicleta va a buscarme a la terminal y va a tener un cartel con mi nombre para identificarlo.

Cartel con mi nombre

Al llegar el hombre con el cartel no estaba, tuve que llamar nuevamente a Jessica y ella me dijo que el chico estaba llegando al terminal, éste llegó y me fui con él hasta un restaurante donde se encontraba mi amiga, ahí estuve con ella, compre algo de comida y procedimos a ir a su casa, nuevamente en la motocicleta con el chico que fue a buscarme a la terminal. 

Mientras íbamos a su casa, yo observa los paisajes de la capital haitiana, y en realidad comprendí porque el ex-Presidente Hugo Chávez daba mucha ayuda a este país. En la capital no hay veredas (aceras), la gente esta apostada en el piso vendiendo frutas, vegetales, verduras, etc. y se respira un tanto de pobreza de la cual no quiero hablar. En la ciudad hay mucha gente en las calles vendiendo cosas y eso me ponía un poco tenso, pero es parte de la naturalidad de la capital. 

Es tarde conocí a dos hermosas personas que viven con Jessica, una boliviana llamada Silvia y una salvadoreña llamara Maité, ambas son geniales, y la pase muy bien con ellas también. En la noche nos fue a buscar Agustina (argentina) para ir a un bar a tomar con otras amigas de ellas, una española y un amigo de ellas haitiano, llamado Paúl (Polo), con el cual la pase muy bien en esos días.

Jessica, Maité y yo en su casa

Esa primera noche fuimos a un bar, el cual no recuerdo su nombre, después a un bar donde ponían mucho música típica haitiana, compás, lo cual aprendí a bailar con las chicas.

Con las chicas en el bar (España, Dominicana, Venezuela, Argentina y Bolivia)

El segundo día, Jessica y yo decidimos ir al centro de la capital a conocer, bueno fuimos nuevamente en moto, porque es el transporte más usado, después de tap-tap. Fuimos por un barrio bastante high-class, llamado Petion-Ville, posteriormente nos fuimos a recorrer la parte histórica con su arquitectura, y fui con ganas de ver el palacio presidencial y no recordaba que se había derribado con el terremoto de 2010.

Esa noche fuimos a cenar a un restaurant en una loma, muy lindo, y con una vista genial. Luego pasamos a una discoteca donde bailamos, tomamos un par de tragos y había mucho extranjeros y poco haitianos. Mucha gente de la comunidad LGBT. Nos fuimos a casa temprano porque teníamos que ir al día siguiente a la playa.

Esa mañana nos pasó a buscar otra amiga de Jessica, una argentina llamada Roxana, con la cual la pase muy bien en la playa y piscina. También conocí a su novio haitiano, Phillipe. A mitad de camino, yo me baje a comprar empanadas haitianas para desayunar, pero no podía comunicarme con las personas porque no entendía su idioma, a la final tuve que hablarle en inglés para pedir una empanada. La playa a la cual fuimos se llama Wahoo Bay y es una playa privada, por lo cual debimos pagar unos 15 U$D, éramos 5 personas (Jessica, Maité, Phillipe, Roxana y yo) para lo cual daba un total de 75 U$D. 

Vista de Wahoo Bay

Una vez a dentro, algunos desayunaron, y el complejo contaba con piscina, pero nosotros preferimos bajar directamente a la playa, una playa hermosa, de aguas cristalinas y con un gran cantidad de personas que fue aumentando a medida que pasaban las horas. Cerca a la orilla había algunos juegos inflables, donde decidimos pasar un rato para descansar. Más tarde nos toco almorzar y comimos hamburguesas muy ricas con papas y refresco. Cuando me dispuse a hacer la digestión a la orilla del mar, se acerco un niño de unos 12 años, pero no podíamos conversar en otro idioma que no fuera inglés, y me pidió que le escribiera mi nombre en un papel, lo hice y al cabo de un rato él llego con una manilla hecha por él mismo con mi nombre. A lo cual yo intente pagarle algo, pero el rechazaba mi pago, a la final de varios intentos acepto mi pago. Previamente el niño me había contado su dura historia, que perdió a sus padres en el terremoto de 2010 y cuidaba de su hermanito. En ese instante de conversación se acerca otro chico haitiano, de unos 24 años llamado Marco, el cual conversamos mucho y dijo que yo le agradaba, también lo hicimos en inglés, ya que no hablo francés ni kreyol.

Manillas obsequiadas por el niño

Wahoo Bay

Una hora más tarde nos fuimos a la piscinas con mis amigos, pero los jóvenes haitianos que conocí no podían subir a la piscina, por lo cual me despedí de ellos. Mientras estábamos en la piscina, yo decidí nuevamente a saludar a los haitianos, porque me parecían buenas personas, y en fue cuando el niño de 12 años me regalo una segunda manilla y yo estaba muy agradecido, estas manillas son de los colores de la selección de fútbol de Venezuela. Al finalizar el día, decidimos volver a casa de Jessica y posteriormente a dormir para al día siguiente regresar a Santo Domingo, República Dominicana.

Roxana, Phillipe, Jessica, Maité y yo en la piscina

Visita de Javiera a República Dominicana

Mi amiga llegó a visitarme a RD unos días, bueno ella venía proveniente de Buenos Aires, con previa escala en Sao Paulo, Brasil. Pero no todo fue así, ella tenía que llegar un lunes, todo se retraso, y a la final termino llegando proveniente de Ciudad de Panamá en otra aerolínea, pero llegó sana y salva.

El martes la fui a buscar al aeropuerto con el moreno del taxi del Sambil (Santo Domingo), y cuando llegó le di un mega abrazo. Después que nos montamos en el taxi, pasamos por le banco donde trabaja mi amigo Luis Enrique, ahí le caí de sorpresas en su trabajo y ni él ni yo sabíamos como reaccionar, pero lo sorprendí. Posteriormente, Javiera y yo decimos ir a mi casa, dejar sus cosas e ir a mi trabajo en el Sambil, la monte en un carro público y se ha caído la puerta de éste y ella estaba muy impresionada y se reía.

Ese primer día, en la noche, nos fuimos a Agora Mall a comprar cosas y que ella conociera y ahí encontraríamos a Luis Enrique, el llego y nos fuimos a comprar los 3. Después fuimos tomar con otros amigos míos.

Tomando con amigos en su primera noche en la isla.


El primer fin de semana de ella en la isla, la lleva a los 27 charcos, ella le aterraba lanzarse de los saltos de agua, se puso pálida, sin color y lloro, pero a la final fue una aventura única para ella. Después terminamos esa noche en la Playa de Cabarete, y bailamos, tomamos y nos embriagamos. Solo fue el fin de semana, porque el debiamos regresar el lunes a Santiago, para quedarnos en casa de Amín y salir a bailar con él y su amigo. 

Playa de Cabarete


Amín, Javiera y yo en Santiago.

 Llegando a los 27 Charcos.

Monumento de Santiago.


En la semana no fue nada raro, ella estuvo recorriendo el Sambil, un día la lleva a Boca Chica, y cuando se acercaba el fin de semana nos fuimos a Punta Cana, allá todo es re caro, pero ella le encantó, dijo que era la playa más bella que había ido en su vida y quedó enamorada, en la noche no fuimos a un boliche de solo extranjeros y nos emborrachamos mal, y conocimos algunas personas ahí. 

En Punta Cana.

Volvimos el lunes a la capital, para yo trabajar, decidí que nos juntaríamos con Seth y su amiga, y esa noche fuimos a bailar un rato por la Zona Colonial. En el resto de la semana hubo unos feriados que hicieron el fin de semana más largo. William (Guillermo) y Julianna, habían planificado irnos a casa de Turner en Los Guíneos para montar kayak e ir a la playa. Después de una largo viaje de casi 6 horas con las piernas engarrotadas, hemos llegado a casa de Turner, llegamos, nos cambiamos y nos fuimos a montar kayak, pero Javiera no quiso, por tener miedo, resulta que solo fuimos Guillermo, Juliana y yo con el guía. Esa noche, al regresar del kayak, estaban otras amigas de Turner en su casa, y estaban cocinando arroz con pescado. Cenamos y nos fuimos al colmadón (supermercado del pueblo) a bailar, porque es ahí donde la gente de los pueblos dominicanos va a bailar. Bailamos y hasta me querían sacar a bailar unas minas, pero en verdad, yo no quería. Después para dormir nos bañamos en Off para que no nos picara los mosquitos.

Javiera, Amiga de Seth, Seth y yo. 

En el kayak de Los Guíneos.


Al día siguientes, fuimos a una playa que se llama Esmeralda, y para mi es la playa más bella de RD, una playa solitaria y hermosa, con aguas cristalinas y de costa extensa. Para este monento, Javiera ya había suplantado su playa más bella (Punta Cana) por esta y William también, ya que él dijo que Bahía de las Águilas era los más bello, hasta que conoció esta playa. Cuando llegamos a la entrada de la carretera, nos montamos en unas motos para llegar a la playa. Al regresar, estábamos con mucha hambre y compramos maíz a unos niños que vendían en un balde.

Playa Esmeralda.

Al día siguientes emprendimos nuestro retorno a Santo Domingo y volvimos a nuestras rutina, Javiera se regresaba a Argentina esa semana.