Despedida del caribe y el retorno a Sudamérica

Mi travesía del 2013 por el caribe está a punto de terminarse, ya eran mis últimos días en la República Dominicana, los cuales disfrute en su totalidad, compartí con muchas personas e hice nuevos y muy  amigos, casi dos estadounidenses, unos dominicanos y centroamericanos. 

Rachel y Julianna me organizaron una despedida un día antes de tomar mi vuelo rumbo a Sudamérica, en esta despedida estaban mis amigos-vecinos, y sumado a ellos estaban Ryan que vive en el sur del país.

El último día en la isla caribeña fue un tanto normal, fui a almorzar en Taco Bell, porque en los países que iba a ir, no hay. Después fui al zona colonial a cambiar pesos por dólares y tipo de la tarde llegó Rachel, Julianna, William y Laura para despedirme, les entregué algunas cosas que no podía llevar en mi viaje, porque excedían el peso permitido. Y al ratito llegó el transporte que me llevaría hasta el aeropuerto de Las Américas. Una vez en el aeropuerto, todo fue demasiado rápido. Hice check-in, pase por migraciones y por último espere hasta que embarcar mi vuelo con destino Río de Janeiro en Brasil.


A las 19:30hs llegó el avión proveniente de Miami, Estados Unidos, a las 20hs embarqué en el avión y dormí hasta al día siguiente, después de 9 horas, abrí mis ojos y ya estaban viendo el Cristo Redentor y los hermosos morros de Río de Janeiro.

Visita a Port-au-Prince, Haïti / Pòtoprens, Ayiti

Cuando decidí ir a Haití, fue así de la noche a la mañana, me informe por Internet en donde vendían los pasajes en bus o avión, obviamente, en bus era mucho más barato. Mi ruta era Santo Domingo(RD)-Puerto Príncipe (HT). Las empresas que venden estos boletos son Capital Coach Line y Caribe Tours, yo elegí la segunda opción porque ya la conocía y resulto ser la mejor al momento de almorzar, ya que te dan comida aceptable y escuche comentarios que en la otra no era tan buenos.

El día que me toco viajar, llegue a la terminal a las 7 hs, pero el bus recién salía a las 9 hs, pero como todo viaje internacional, tenía que hacer algunos trámites migratorios antes de abordar. Al llegar la hora estimada de partida, aborde el bus y me tocó sentarme al lado de un chico haitiano que no hablaba nada español, y por ende no pude comunicarme con él, no más que bonjour y tout bon . 

Al medio día, cuando vamos en la carretera al sur de dominicana, nos dan el almuerzo con una gaseosa, la comida era netamente dominicana, arroz, porotos, pollo y ensalada. Al cabo de las 14 hs hemos llegado a la frontera de República Dominicana-Haití. Como típica frontera latinoamericana, es un tanto peligroso y es un gran mercado internacional, donde venden alimentos a más bajo costo y hay gente por doquier. Pasé por la oficina de migraciones de República Dominicana, sellaron mi pasaporte y pude abordar nuevamente el bus para avanzar hasta el punto migratorio de Haití, ahí volví a descender del bus y nuevamente sellan mi pasaporte en el lado haitiano, pero esta vez no entendí nada de lo que me hablaban, solo Kreyol o Francés, recuerdo que la terramoza o azafata del bus, tuvo que ayudarme a responder las preguntas que me hizo el agente de migraciones. Una vez pasado realizado el trámite, me dirigí a abordar el bus, para viajar por unas 3 ó 4 horas con destino a Puerto Príncipe.

Cuando estaba por aproximarme a punto de destino, le pedí a la azafata del bus que me facilitara su celular para comunicarme con mi amiga dominicana, Jessica; mi amiga me informa que un chico haitiano en una motocicleta va a buscarme a la terminal y va a tener un cartel con mi nombre para identificarlo.

Cartel con mi nombre

Al llegar el hombre con el cartel no estaba, tuve que llamar nuevamente a Jessica y ella me dijo que el chico estaba llegando al terminal, éste llegó y me fui con él hasta un restaurante donde se encontraba mi amiga, ahí estuve con ella, compre algo de comida y procedimos a ir a su casa, nuevamente en la motocicleta con el chico que fue a buscarme a la terminal. 

Mientras íbamos a su casa, yo observa los paisajes de la capital haitiana, y en realidad comprendí porque el ex-Presidente Hugo Chávez daba mucha ayuda a este país. En la capital no hay veredas (aceras), la gente esta apostada en el piso vendiendo frutas, vegetales, verduras, etc. y se respira un tanto de pobreza de la cual no quiero hablar. En la ciudad hay mucha gente en las calles vendiendo cosas y eso me ponía un poco tenso, pero es parte de la naturalidad de la capital. 

Es tarde conocí a dos hermosas personas que viven con Jessica, una boliviana llamada Silvia y una salvadoreña llamara Maité, ambas son geniales, y la pase muy bien con ellas también. En la noche nos fue a buscar Agustina (argentina) para ir a un bar a tomar con otras amigas de ellas, una española y un amigo de ellas haitiano, llamado Paúl (Polo), con el cual la pase muy bien en esos días.

Jessica, Maité y yo en su casa

Esa primera noche fuimos a un bar, el cual no recuerdo su nombre, después a un bar donde ponían mucho música típica haitiana, compás, lo cual aprendí a bailar con las chicas.

Con las chicas en el bar (España, Dominicana, Venezuela, Argentina y Bolivia)

El segundo día, Jessica y yo decidimos ir al centro de la capital a conocer, bueno fuimos nuevamente en moto, porque es el transporte más usado, después de tap-tap. Fuimos por un barrio bastante high-class, llamado Petion-Ville, posteriormente nos fuimos a recorrer la parte histórica con su arquitectura, y fui con ganas de ver el palacio presidencial y no recordaba que se había derribado con el terremoto de 2010.

Esa noche fuimos a cenar a un restaurant en una loma, muy lindo, y con una vista genial. Luego pasamos a una discoteca donde bailamos, tomamos un par de tragos y había mucho extranjeros y poco haitianos. Mucha gente de la comunidad LGBT. Nos fuimos a casa temprano porque teníamos que ir al día siguiente a la playa.

Esa mañana nos pasó a buscar otra amiga de Jessica, una argentina llamada Roxana, con la cual la pase muy bien en la playa y piscina. También conocí a su novio haitiano, Phillipe. A mitad de camino, yo me baje a comprar empanadas haitianas para desayunar, pero no podía comunicarme con las personas porque no entendía su idioma, a la final tuve que hablarle en inglés para pedir una empanada. La playa a la cual fuimos se llama Wahoo Bay y es una playa privada, por lo cual debimos pagar unos 15 U$D, éramos 5 personas (Jessica, Maité, Phillipe, Roxana y yo) para lo cual daba un total de 75 U$D. 

Vista de Wahoo Bay

Una vez a dentro, algunos desayunaron, y el complejo contaba con piscina, pero nosotros preferimos bajar directamente a la playa, una playa hermosa, de aguas cristalinas y con un gran cantidad de personas que fue aumentando a medida que pasaban las horas. Cerca a la orilla había algunos juegos inflables, donde decidimos pasar un rato para descansar. Más tarde nos toco almorzar y comimos hamburguesas muy ricas con papas y refresco. Cuando me dispuse a hacer la digestión a la orilla del mar, se acerco un niño de unos 12 años, pero no podíamos conversar en otro idioma que no fuera inglés, y me pidió que le escribiera mi nombre en un papel, lo hice y al cabo de un rato él llego con una manilla hecha por él mismo con mi nombre. A lo cual yo intente pagarle algo, pero el rechazaba mi pago, a la final de varios intentos acepto mi pago. Previamente el niño me había contado su dura historia, que perdió a sus padres en el terremoto de 2010 y cuidaba de su hermanito. En ese instante de conversación se acerca otro chico haitiano, de unos 24 años llamado Marco, el cual conversamos mucho y dijo que yo le agradaba, también lo hicimos en inglés, ya que no hablo francés ni kreyol.

Manillas obsequiadas por el niño

Wahoo Bay

Una hora más tarde nos fuimos a la piscinas con mis amigos, pero los jóvenes haitianos que conocí no podían subir a la piscina, por lo cual me despedí de ellos. Mientras estábamos en la piscina, yo decidí nuevamente a saludar a los haitianos, porque me parecían buenas personas, y en fue cuando el niño de 12 años me regalo una segunda manilla y yo estaba muy agradecido, estas manillas son de los colores de la selección de fútbol de Venezuela. Al finalizar el día, decidimos volver a casa de Jessica y posteriormente a dormir para al día siguiente regresar a Santo Domingo, República Dominicana.

Roxana, Phillipe, Jessica, Maité y yo en la piscina